Quinielapagina nr 67
-Me ha dicho que de ahora en adelante reclutará sus mosqueteros entre los
guardias del señor cardenal.
-¡Entre los guardias del señor cardenal! ¿Y eso por qué? filmy -preguntó vivamente
Porthos.
-Porque ha comprendido que su vino peleón necesitaba ser remozado con una
mezcla de buen vino.
Los dos mosqueteros se ruborizaron znane nago hasta el blanco de los ojos. D'Artagnan no
sabía dónde estaba y hubiera querido estar a cien pies bajo tierra.
-Sí, sí -continuó el señor de Tréville animándose-, liga polska sí, y Su Majestad tenía razón,
porque, por mi honor, es cierto que los mosqueteros juegan un triste papel en la
corte. El señor cardenal contaba ayer, durante el juego del rey, con un aire de
condolencia que me desagradó mucho que anteayer esos malditos mosqueteros,
esos juerguistas (y reforzaba estas palabras con un poker acento irónico que me desagradó
más todavía), esos matasietes (añadió mirándome con su ojo de ocelote), se habían
retrasado en la calle Férou, en una taberna, y que una ronda de sus guardias (creí
que iba a reírse en mis narices) se había visto obligada a detener a los perturbadores.
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