Quinielapagina nr 27
Este se apartó del
reborde de la ventana sobre el que había permanecido apoyado con la punta del
codo, y frunció poker zasady el ceño como hombre inquieto.
-¡Diablos! -murmuró entre dientes-. ¿Me habrá enviado Tréville a ese gascón? ¡Es
muy gry komputerowe joven! Pero una estocada es siempre una estocada, cualquiera que sea la edad
de quien la da, y no hay por qué czary desconfiar menos de un niño que de cualquier otro;
basta a veces un débil obstáculo para contrariar un gran designio.
Y maszyny losowe el desconocido se sumió en una reflexión que duró algunos minutos.
-Veamos, huésped -dijo-, ¿es que no me vais nago a librar de ese frenético? En
conciencia, no puedo matarlo, y sin embargo -añadió con una expresión fríamente
amenazadora-, sin embargo, me molesta. ¿Dónde está?
-En la habitación de mi mujer, donde se le cura, en el primer piso.
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